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Gente de las cumbres

Memorias del río y del páramo

Exposición fotográfica y reportaje publicado por La Cola de Rata

 

Pereira está resguardada por un inmenso páramo coronado por cinco picos nevados que dan nacimiento a la mayoría de los ríos de la región cafetera y buena parte del departamento del Tolima. No obstante, la ciudad ha vivido de espaldas a ese enorme territorio y sus gentes, muchas de ellas venidas de otras regiones del país como parte de diferentes procesos de colonización estimulados en parte por la violencia política y los conflictos agrarios.

En la finca La Floresta y en la tierra aledaña, cada amanecer es una renovada experiencia para los ojos que se maravillan y los espíritus que se ponen a prueba ante las adversidades de una naturaleza hostil, primitiva y llena de retos para aquellos que se atreven a sembrar con sus huellas esta tierra que le canta al silencio. Este es el fotoreportaje de un día normal de la gente del Páramo.

La soledad de los viejos

El olor dulce de los frailejones, multiplicados sobre los pajonales amarillentos, se extiende por el suelo escalando las suaves ondulaciones de las montañas justo antes de chocar contra las cumbres rocosas entre la niebla. Por el camino, el trote de las bestias apenas deja polvo como humo. Vamos cabalgando por la cumbre de la cordillera central, cruzando un páramo desolado por el que cada tanto se adivina alguna quebradita o abismo.

Tras superar un camino de piedras y en ascenso por la montaña, que tarda alrededor de cuatro horas a caballo, se llega a un paisaje entre verde y niebla, con montañas como nubes que parecen tan cercanas y distantes a la vez. El frío no da tregua, va en aumento y ventea. La primera finca que se encuentra es El Jordán, donde viven Mario Molina, Mariluz Pinillo Guarín y Juan Andrés. Mario y Mariluz son la tercera generación después de los colonos que llegaron del Tolima y de Boyacá durante los años 30 y Juan es uno de los tres niños que van a la escuela de la vereda El Bosque.

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